Breves reflexiones sobre “Frantz Fanon, 100 años: contra el colonialismo”
“Como es una negación sistemática del otro, una decisión furiosa de privar al otro de todo atributo de humanidad, el colonialismo empuja al pueblo dominado a plantearse constantemente la pregunta: <<¿Quién soy en realidad?>>”
(Fanon, 1961, como se citó en Bidaseca, 2025).
Hace un tiempo, obtuve el libro “Frantz Fanon, 100 años: contra el colonialismo”, de Karina Bidaseca, como parte del catálogo de la editorial El Mismo Mar. Por una cosa u otra, no había podido leerlo, y fue recién en estos días de reposo y ¿reconexión? que retomé de a poco algunos pendientes de mi biblioteca.
Antes que nada, amo este tipo de propuestas estéticas por fuera del mainstream cultural. Conectar con un libro, sus colores, la tipografía y, desde ya, el contenido, es una experiencia que personalmente me sana mucho, de la misma manera en que lo hace abrir la cajita de un disco (cosas de haber nacido en un siglo analógico ⏳).
Ahora bien, este libro en particular, como indica su título, aborda el pensamiento de Frantz Fanon (1925-1961), intelectual, psiquiatra y escritor martiniqués, en el centenario de su nacimiento, y me parece muy valioso en un contexto como el que vivimos a nivel global.
Karina Bidaseca expone (2025) muy conscientemente la posición social y el concepto de “clase” de Fanon, entendiendo al racismo como estructurante de las relaciones sociales:
“En las colonias, la infraestructura es igualmente una superestructura. La causa es la consecuencia: se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico (...). En las colonias, el extranjero venido de afuera se ha impuesto con la ayuda de sus cañones y de sus máquinas (...), el colono sigue siendo siempre un extranjero (...). La clase dirigente es, antes que nada, la que viene de afuera, la que no se parece a los autóctonos, a <<los otros>>” (Fanon, 1961, como se citó en Bidaseca, 2025).
Ejemplos que parecen actuales sin serlo verdaderamente, como Palestina y Sudán, resuenan hoy cual ecos deshumanizantes de un colonialismo traumático, que expone al colonizado / racializado como un mal y, en consecuencia, presentará al colonizador ante los ojos del colonizado también como esa figura odiosa, representando el “encuentro violento de dos miradas” (Fanon, 1961, como se citó en Bidaseca, 2025).
Enunciando al tiempo, la mirada, y el lenguaje / habla como momentos constitutivos de esa otredad que impone la “desviación existencial” y construye “el alma negra” en favor del blanco (Bidaseca, 2025), es importante comprender que: “El colonialismo es una herida que nunca fue tratada. Una herida que duele por siempre. Por momentos infecta, y otras veces sangra” (Kilomba, 2019, como se citó en Bidaseca, 2025).
Debería ser fácil empatizar con esta última cita de la artista Grada Kilomba, sobre todo si tenemos un pasado familiar marcado por el desarraigo y la discriminación, y ni hablar si vivimos en países que han sido y son víctimas de prácticas coloniales hasta hoy. Mejor dicho, deberíamos empatizar siempre, aunque los actos se den más allá de nuestro metro cuadrado.
El colonialismo se disfraza hoy del realismo capitalista que denunciaba Mark Fisher, y no deja de estar cargado por supuesto de racismo tal cual describía Fanon, ya que, cómo podrán ver en cualquier lugar donde el ala colonial haya dejado su huella, “el ultraautoritarismo y el capital no son de ninguna manera incompatibles: los campos de concentración y las cadenas de café coexisten perfectamente” (Fisher, 2022, p. 22).



Comentarios
Publicar un comentario