Palestina, Israel. El Holocausto, la Nakba. Los libros, las ideas, los sentires.

Introducción Personal:

2025 comenzó con el pie ¿izquierdo? para mí.

El 19 de Diciembre de 2024 cuando me dirigía a mi trabajo, por una caída, sufrí una fractura de tibia y peroné derechos. Se me alejaba de las actividades laborales y sociales hasta nuevo aviso, y mis únicos aliados motrices pasaban a ser entonces el piecito izquierdo, un par de muletas y controles diarios en traumatología y kinesiología. Algo mejor que Daniel Day-Lewis en ese film ochentoso que le valió un Oscar.

Uno de mis escapes siempre ha sido el estudio y la lectura, y en esta temporada imprevista pretendía lo fueran al máximo. Así, llego al libro “Derecho de Nacimiento. Crónicas de Israel y Palestina”, de Camila Baron, y algo quedó dando vueltas en mi cabeza cuando lo finalicé. “Quiero escribir sobre esto”, pensaba, pero no sabía cómo encararlo.


Recalculemos nuevamente al año pasado. 

Justo antes del dichoso accidente, comencé un curso llamado “Viaje a Palestina a través de sus canciones”, que dicta el Club de la Cultura Árabe y que conocí por medio del algoritmo de Instagram (como diplomada en DDHH con una especialización en Política Internacional, ya venía leyendo sobre el conflicto entre Israel y Palestina) y una recomendación en las historias de Periodistán (aka Fernando Duclos) me decidió a anotarme. Bastantes años atrás, ya había cursado, también, en una reconocida institución local, un taller sobre la Historia de la Música Judía.

El espacio que generó el curso del CCA despertó en mí una llama de curiosidad, compromiso e investigación. No podía, además, evitar encontrar algunos paralelismos (en mayor o menor medida) con otros casos más “frescos” en mi historia familiar, como la última Dictadura Militar en Argentina o la Guerra Civil Española.

A “Derecho de Nacimiento…” lo leí en una tarde calurosa, acostada en una colchoneta en el living de mi casa, con el pie enyesado y estirado al lado del ventilador, mientras se me piantaba algún que otro lagrimón.

Podría hacer un blog y reseñar libros, o hablar de las cosas que me gustan, y aprovechar todo lo que estudié” me dije. Finalmente, me animé, e intenté darle forma a ese proyecto. Seguí leyendo, releyendo, estudiando, escuchando música, reflexionando, subí primero alguna cosa que ya tenía adelantada… Y así es que llegué a este ¿artículo?, el segundo del sitio, que tanto tiempo y trabajo me dio.

Desde ya, es menester aclarar que nunca hubo intención de herir o atacar ninguna creencia. Intenté valerme no solo de mi percepción y emoción personal, sino de datos históricos, sociológicos y bibliografías varias. Así y todo, siento que hay tanto que quedó afuera, que daría para profundizar aún más, pero parafraseando a un superior mío: “Las obras son como las mudanzas, no se terminan: se sueltan”.

Palestina, Israel. El Holocausto, la Nakba. 

Los libros, las ideas, los sentires.


Derecho de Nacimiento. Crónicas de Israel y Palestina es un libro escrito por Camila Baron (1989), economista, docente y periodista argentina. En él, narra su experiencia al realizar en 2017 un viaje tradicional dentro de la comunidad judía llamado BRIA (Birthright Israel Argentina, que significa Derecho de Nacimiento Israel). Se les retiene documento y pasaporte mientras están en el programa y se los devuelven al finalizar, junto con encuesta para completar.

El objetivo de esta aventura sería adentrarse en la historia, costumbres y realidad de Israel para generar arraigo, además de conseguir nuevos embajadores e incluso fomentar “hacer aliá” o Aliyah. Esto es, la inmigración de judíos de la diáspora hacia Israel, vinculado a la llamada Ley de Retorno, que les concedería el derecho a la inmigración y asentamiento, así como a la ciudadanía. Significa que, aunque no todos los judíos sean israelíes, tienen potencialmente el derecho de serlo. En esa sintonía, Camila, al igual que las otras personas involucradas en ese viaje, debe demostrar su ascendencia judía. “Mi judaísmo lo transmitió mi abuela”, explica en un pasaje del libro. Cuenta que era oriunda de General Roca, provincia de Río Negro, Argentina, y que los padres de ésta, a su vez, habían llegado al país huyendo de los pogroms en Rusia. Su abuela nunca le habló de Israel:Cuando su familia llegó a Argentina, todavía faltaban muchos años para la creación de este Estado (Israel). En el judaísmo se discutía si eso era necesario. Nunca le pregunté qué pensaban sus padres. Ahora sé que quienes seguían a Theodor Herzl creían que era la única solución para terminar con la discriminación que sufrían en toda Europa. Otros ya instalados en colonias por todo el mundo, no se sentían ‘un pueblo sin tierra’ sino un pueblo con muchas. Si de raíces se trata, apenas pasé por General Roca. Tampoco conozco Rusia ni Polonia y acá estoy, en los Altos del Golán, donde quizás nunca haya vivido ningún pariente remoto (Baron, 2024).


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Para ser Israelí, entonces, por si no queda claro, no es necesario haber nacido en ese territorio, ni siquiera que tus antepasados lo hayan hecho: un simple foráneo que argumente el supuesto derecho heredado por nacimiento podría acceder a la ciudadanía. Sin embargo, como veremos más adelante, existen individuos en simultáneo que, incluso habitando desde la cuna ese espacio geográfico, serán relegados a vivir (y morir) ciudadanos de segunda, cual extranjeros en su propia tierra. Hablamos del pueblo autóctono palestino.

El Holocausto Judío:

Si bien el pueblo judío ha sido discriminado, maltratado, humillado y perseguido durante siglos, sin lugar a dudas es el Holocausto el momento más triste y aberrante del que fueron víctimas. Consistió en una serie de eventos espantosos que ocurrieron durante un período prolongado.


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La palabra holocausto (procedente del griego holos = completamente, y kaustos = quemado) refiere al ritual hebreo ʿolah, del sacrificio e incineración de un animal que realizaban los antiguos israelitas. 
Debido a la horrenda práctica nazi de calcinar los cuerpos de sus víctimas en hogueras, es que la expresión “Holocausto” se adopta luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los judíos se refieren a éste como la Shoah, que significa "la Catástrofe", un término tomado a partir del documental homónimo de Claude Lanzmann de 1985.

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Con la llegada del nazismo a Alemania en 1933 y su posterior expansión, las comunidades judías quedaron desprovistas de derechos civiles y políticos, tratándoseles como si fuesen prácticamente subhumanos. Entre las acciones tomadas, se decidió la incautación de propiedades por parte del estado (casas, negocios, pertenencias), el impuesto sobre la riqueza, documentos de identificación que incluían la raza o la religión personal, y planes de estudios escolares con contenido racista. También, se implementó un sistema de marcas para distinguir a los judíos del resto de la población en los sitios públicos y en la vestimenta, algo que se repetiría posteriormente en los campos de concentración.

Con el paso del tiempo fueron adoptándose nuevas medidas más radicalizadas, como recluirlos en guetos, es decir, en distritos urbanos (a veces cerrados) donde se vivía en condiciones miserables y separados del resto de la ciudadanía. El mayor gueto fue el de Varsovia, ciudad donde los judíos representaban el 30 por ciento de la población, con una densidad de 77.000 habitantes por kilómetro cuadrado en 1940.


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A las diversas prácticas de crueldad, se adiciona una red de campos de exterminio, que como indica su nombre tenían por fin aniquilar a quienes ingresaran en ellos, diferenciándose sutilmente de los también nefastos campos de concentración, cuya actividad principal era proveer de mano de obra esclava. Sin embargo, muchas personas fallecieron o fueron asesinadas en estos últimos o en el trayecto hacia ellos.

Ya iniciada la segunda guerra mundial (1939-1945), entonces, estamos ante diversas formas de persecución, que combinaban el encarcelamiento extrajudicial en campos; la discriminación basada en identidad racial y religiosa; el uso de la tortura, incluidos experimentos médicos o genéticos, que iban desde esterilización forzada a la eugenesia; y el asesinato masivo.


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Sin embargo, se da un paso más aún y se idea la denominada "Solución Final de la Cuestión Judía" (Endlösung der Judenfrage), que consistía en la deportación en ferrocarril de millones de judíos desde los guetos o los campos de trabajos forzados a campos de exterminio, donde, si sobrevivían a un viaje inhumano, eran aniquilados con gas venenoso y sus cadáveres incinerados en hornos del mismo complejo.

Aunque fueron numerosos los sitios de este tenor construidos, es el de Auschwitz en la actual Polonia (que había sido invadida por Alemania en 1939) el de mayor renombre por su simbolismo, dimensión y brutalidad. Se trataba de un complejo compuesto por tres campos de prisioneros: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (campo de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo), además de otros campos satélites. Se estima que por él pasaron aproximadamente un millón trescientos mil prisioneros, muriendo un millón cien mil. El 90% de ese número, correspondería a judíos y, a la vez, una sexta parte de las seis millones de víctimas del Holocausto judío murieron allí. En la verja de entrada se leía: Arbeit Macht Frei (El trabajo los hará libres).


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El 27 de Enero de 1945, la 332º división de infantería del Ejército Rojo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en su avanzada hacia Berlín, llegó al lugar. Para entonces, no quedaban guardias: solamente 2819 prisioneros, completamente debilitados y asustados, a quienes se les brindó atención médica de inmediato, pero no todos lograron sobrevivir.

Los soviéticos encontraron 370.000 trajes de hombre, 837.000 vestidos de mujer, 44.000 pares de zapatos y 7,7 toneladas de cabello humano, que corresponderían a unas 140.000 personas. Se encargaron, en medio del shock, de registrar cada detalle.


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A hoy, esta fecha es conmemorada como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Adolf Hitler se suicidó en su búnker el 30 de Abril de 1945. Lo que quedaba de las fuerzas alemanas, entregaron Berlín al Ejército Rojo el 2 de Mayo de 1945. La rendición incondicional, se dio el día 7. La guerra continuaría en el pacífico por unos meses más, pero esa es otra historia.

Palestina:

El pueblo palestino es multicultural, multiétnico y multirreligioso, además de milenario, y toma su nombre de los filisteos. Pertenece al Sham, una región que también abarca Siria, Líbano, Jordania y sectores de Irak. Es parte del mundo del Levante árabe y, si bien muchas personas le asocian con el islam, como queda aclarado, su población profesa diversos credos y costumbres.

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A pesar de lo que a veces se intenta instalar, Palestina no era una “tierra sin pueblo. Si nos remontamos a las vísperas de la Guerra de Crimea (1853-1856), cuando era parte del Imperio Otomano, se estima que la habitaban más de medio millón de personas, en su mayoría creyentes islámicos que convivían con cristianos y judíos. A pesar de que su paisaje aún correspondía a dejos rurales, ciudades como Jerusalén, Acre, Nablus y Hebrón poseían importancia política, mientras que en el ámbito comercial destacaban centros portuarios como Jaffa, Haifa y Gaza.


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Al ser la cuna de las tres religiones monoteístas abrahámicas (el cristianismo, el judaísmo y el islam), la zona siempre poseyó interés de diversos grupos (siendo disputada en oportunidades varias a lo largo de los siglos) y, a la vez, recibió numerosas misiones educativas, sanitarias y religiosas por su valor simbólico y espiritual.

A partir de 1878, se funda el asentamiento de colonos sionistas Petah Tikvá (sin mayores sobresaltos), y luego en 1896 el líder de la Organización Sionista Theodor Herzl, viajó a Constantinopla donde fue recibido por el Sultán Abdul Hamid II, buscando que éste le ceda Palestina para formar un Estado Judío a cambio de apoyo económico para el sultanato. Esto se ve reflejado en el capítulo “El Plan” de “Der Jundestaat”: Si S.M. el Sultán nos diera Palestina, podríamos comprometernos a regularizar las finanzas de Turquía. Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie (Herzl, 2004). Es curioso notar en este párrafo ciertos rasgos de lo que muchas décadas después el pensador palestino-estadounidense Edward Said plantearía en su ensayo Orientalismo de 1978: una forma de ver y representar el mundo entre un Occidente (“nosotros”) y Oriente (“ellos”), algo así como la “civilización contra la barbarie”. Esta narrativa etnocentrista está cargada de estereotipos, simplificaciones, generalizaciones culturales, prejuicios raciales y religiosos.

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Si bien la gestión resultó infructuosa, el líder europeo judío logró viabilizar la compra de tierras y el asentamiento de migrantes, al inicio en la Mesopotamia y Siria, luego en Palestina. La relación entre el movimiento sionista y el Sultán fue heredada por el gobierno de los Jóvenes Turcos.

El Imperio Otomano, en su declive, cedió territorios en el sudeste europeo y norte de África, principalmente a Francia y Gran Bretaña. Ya herido de muerte, en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), su dominio se redujo al sudoeste asiático (para luego desaparecer), momento en que Gran Bretaña se involucró en Palestina.


Colección de fotografías de G. Eric y Edith Matson / Expediente de Nominación Unesco


Tras la firma del Acuerdo Sykes-Picot (1916), que definía las áreas de influencia británica y francesa en Oriente Próximo, Palestina quedaría bajo control internacional. Aunque se contemplaba la creación de un reino árabe independiente desde Siria hasta Yemen, la Declaración Balfour (promovida por figuras como el barón Edmund Rothschild) comprometió a los británicos a establecer un hogar nacional judío en Palestina, contradiciendo lo acordado previamente.

La invasión británica en 1917, liderada por el comandante Edmund Allenby, sentó las bases para la posterior configuración del Mandato Palestino por la Sociedad de las Naciones. El nombramiento de Herbert Samuel, un sionista y judío liberal británico, como primer Alto Comisionado en 1920 marcó el inicio de un proceso de colonización sionista que, en tres décadas, transformó la demografía de Palestina, creciendo la población judía europea a un tercio de la población, cuando inicialmente representaba una décima parte del total.


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El Sionismo:

Lo primero que debe aclararse es que el Sionismo no es sinónimo de Judaísmo.

El judaísmo es una concepción religiosa y/o cultural y social, comunitaria, anclada en una serie de valores y costumbres.

Por otro lado, para muchos, el sionismo se reduce a un movimiento nacionalista que aboga por el retorno del pueblo judío a la que consideran su patria histórica, la región de Palestina, ligada a la antigua colina de Sión, ubicada en JerusalénTras la expulsión de la región por parte del Imperio Romano en el siglo II d.C., se produjo la diáspora judía. A pesar de que el anhelo de regresar habría estado presente desde entonces, esta mirada propone que el sionismo moderno habría surgido en paralelo con otros movimientos nacionalistas en el siglo XIX en Europa, y como respuesta a los desafíos en el intento de asimilación en Occidente y al persistente antisemitismo presente en muchas sociedades.


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Sin embargo, hay otra percepción más cruda, y es identificar al sionismo como un proyecto colonial, racista, clasista y supremacista, que considera débiles e inferiores a otros pueblos, y con la ambición de crear un “Gran Israel” (Eretz Yisrael) que consolide la soberanía judía sobre el territorio que ahora conforman Israel, Palestina, e incluso más allá. 

Ya mencionado previamente en estas líneas, el ideólogo del sionismo fue Theodor Herzl, un periodista austríaco, que en 1896 publica “Der Jundestaat” (El Estado Judío). Allí se lee: “Si hoy se quiere construir una Nación, no hay que hacerlo de la manera que fuera posible hace mil años. Es una insensatez volver a viejos grados de cultura, como quisieran muchos sionistas. Por ejemplo, si nos resolviéramos a aniquilar las fieras de un país, no lo haríamos a la manera de los europeos del siglo V. No nos pondríamos en campaña en forma aislada contra los osos, armados de jabalinas y lanzas, sino que organizaríamos una grande y alegre cacería, acosaríamos a las bestias hasta tenerlas reunidas y recién entonces arrojaríamos una bomba de melinita(Herzl, 2004).


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No. El Sionismo no es sinónimo de Judaísmo. Israel no es sinónimo de Judaísmo.


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La culpa como excusa. Israel y la Nakba:

Existe una mirada, algo inocente o incompleta quizás, que responde a la supuesta culpa de las grandes potencias luego de la segunda guerra mundial y el Holocausto y la consecuente creación del Estado de Israel.

En 1947, la joven Organización de Naciones Unidas, con el beneplácito de potencias como Estados Unidos y la Unión Soviética, votaba la Resolución 181/47, que proponía un Plan de Partición para la creación del Estado de Israel en Palestina. A los árabes, que eran mayoría, se les reservaba Cisjordania, Gaza y otros territorios, en tanto Jerusalén y Belén quedarían bajo control internacional. El 14 de Mayo de 1948 finalizaba el Mandato Británico e Israel decía proclamar su independencia. Sin embargo, ya antes de que esto ocurriera, el sionismo local junto a quien fuera el primer ministro israelí, David Ben Gurión, comenzó a ejecutar el llamado Plan Dalet.


FOTO ONU

Este episodio resultó en el desplazamiento forzoso de más de 700.000 personas y la devastación de entre 400 y 600 poblaciones. La orden era destruir con fuego, explosivos y minas las comunidades árabes que permanecieron en el territorio, rodearlas y registradas, para expulsarlas en caso de resistencia. La población civil fue atacada con fuego de mortero antes de que las fuerzas israelíes entraran casa por casa, expulsando a los palestinos a punta de bayoneta. También se recurrió a la presión psicológica, lanzando folletos y proclamas por radio y altavoz. Las tierras desocupadas fueron nacionalizadas por el naciente estado israelí, que las alquiló a particulares o las cedió a grupos de colonos junto con tierras de cultivo para la fundación de kibutz que reemplazarían a las granjas y aldeas palestinas.

Para los palestinos, este acontecimiento se conoce como Nakbala catástrofe.


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Según Francesca Albanese, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 (momento que Israel conoce como "La Guerra de los Seis Días", donde invade Gaza, Cisjordania y se anexiona Jerusalén, provocando un nuevo éxodo y asentamientos en la zona palestina): “En Palestina, desplazar y borrar la presencia árabe indígena ha sido una parte inevitable de la formación de Israel como Estado judío. En 1940, Joseph Weitz, jefe del Departamento de Colonización Judía, declaró que no había espacio para que ambos pueblos pudieran vivir juntos en el país; que la única solución era una Palestina sin árabes; y que no había otra vía que transferirlos a todos: no debía quedar ni una sola aldea, ni una sola tribu(Albanese, Anatomía de un genocidio., 2024).


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Desde entonces, la masa de refugiados se estima entre 5.9 a 8.35 millones, de una población total de 14 millones. Es decir que 3 de cada 5 palestinos en el mundo son refugiados. Se trata de la población refugiada más antigua del mundo: un refugiado palestino hoy puede ser el trastataranieto o incluso chozno del primer refugiado de su familia.


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Como explica Camila Baron en su libro: “Buena parte de la descendencia de las víctimas del Holocausto Nazi son quienes demandan y ejecutan la limpieza étnica en Palestina (Baron, 2024).

Al huir, muchos palestinos se llevaron con ellos las llaves de sus casas, las que han ido pasando de generación en generación con la esperanza de poder algún día regresar.


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Invisibilizar:

“Seis millones. Seis millones. La cifra de todo el recorrido. ‘Once’, pienso. Repaso los cinco millones que faltan. Enfermos crónicos, negros, gitanos, homosexuales, y comunistas. Las paredes se me caen encima (Baron, 2024).

Con esta frase demoledora durante su visita al museo del Holocausto, Baron hace referencia a un dato no menor, y es que durante el régimen nazi no solo se persiguió a los judíos. Sin ir más lejos, la Enciclopedia del Holocausto del United States Holocaust Memorial Museum nombra, entre otros, a los siguientes grupos:

  • Civiles (no judíos) acusados de desobediencia, resistencia o actividades partisanas.
  • Clérigos cristianos.
  • Comunistas y socialistas.
  • Hombres gays, bisexuales y otros acusados de homosexualidad.
  • Marginados de la sociedad tildados de “asociales” o “delincuentes profesionales”.
  • Opositores y disidentes políticos.
  • Personas con discapacidades.
  • Personas negras.
  • Polacos.
  • Prisioneros de guerra soviéticos.
  • Socialdemócratas.
  • Romaníes y otras personas catalogadas como “gitanos”.
  • Testigos de Jehová.

(ENCICLOPEDIA DEL HOLOCAUSTO, 2024)


UNITED STATES HOLOCAUST MEMORIAL MUSEUM

En su libro “Memorias y Representaciones: Sobre la Elaboración del Genocidio”, Daniel Feierstein hace un amplio análisis que involucra diversos postulados de autores, y nos deja ver que, si entendemos a la memoria como construcción de la presencia de lo ausente, lo destruido persistiría como un hueco en el presente. Es decir que para desaparecer un existente hay que también reemplazar su ausencia por otra presencia.

El recuerdo de la ausencia es, de alguna manera, la realización simbólica de las prácticas sociales genocidas, un espacio de construcción y representación que intenta llenar el hueco de la ausencia con un nuevo sentido a través de su articulación en nuevos entramados de relaciones sociales. Al destruirse un existente, la ausencia sigue presente.


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Desensibilización. Deshumanización. Máscaras:

En la escena inicial del libro, uno de los soldados comenta: “No maté personas, maté animales”. Mi cabeza de antigua cantante lírica me retrotrajo particularmente a otro libro, “La Ópera y la Commedia dell’arte”, de María Concepción Perre.

En la commedia dell’arte (forma teatral creada en Venecia en 1550 aproximadamente), los actores se ocultaban detrás de una máscara representando tipos fijos, no a seres humanos de carne y hueso, sino a arquetipos. Se basaban en un grupo social, económico, político determinado y tenían un animal de inspiración. Encarnaban a infinitas personas con esas características que existieron, existen y existirán. Básicamente, cada uno de estos tipos fijos está construido por un conjunto de elementos, y se observa al personaje como una sumatoria de individuos con características similares que vivieron en tiempos remotos, recientes y actuales. “Todas esas voces construyen al personaje que, para ser más exactos, llamamos ‘máscara´ (…). La máscara es un objeto y un concepto al mismo tiempo. Los absorbe y simultáneamente les da identidad. ‘Si tienes máscara, eres’ parece decir (Perre, 2024).



Sin embargo, en el caso del soldado israelí la máscara con la que visualiza a esas no-personas de carne y hueso en tanto para él animales funcionarían como una especie de “protección anti-estímulo”, siendo quizás una respuesta adaptativa y reacción ante un dolor que no se puede evitar ni confrontar, resultante de la imposibilidad traumática.

Nuevamente Daniel Feierstein explica cómo la acumulación desensibilizadora afecta a grupos importantes de la población, articulándose social e históricamente como una ideología estructurada y estructurante. Se llega entonces a lo que se conoce como ideología del sinsentido, una respuesta que busca preservarnos de las consecuencias traumáticas del terror articulándose con la desensibilización para construir un nuevo tipo de narratividad.

En lugar de realizar un trabajo de elaboración, este relato busca semantizar el horror a través de la insensibilización y de un pacto denegativo. Se imposibilita también la puesta en palabras, no desde el silencio sino siendo reemplazado por otras que permitan legitimar y justificar, sosteniendo que de alguna forma no hay nada que elaborar porque en verdad nunca hubo nada ahí: “sólo hay nada, materia inerte azarosamente dispuesta en el universo, disfrazadas con máscaras que pueden quitarse como las cáscaras de una cebolla(Feierstein, 2019).



La convicción de que no hay nada ni nadie detrás de las máscaras ni de los personajes / arquetipos que estas representan, justificaría que la misma vida carece, entonces, de sentido, permitiendo esto la reconciliación con la idea de que, un arrasamiento no habrá podido dejar marca, ya que no había dónde marcar nada.

Existe otra forma teatral y operística que creo que sirve de identificación, y es el melodrama, que se menciona como “el espectáculo del infortunio inmerecido” o del “niño abandonado” (no necesariamente de forma literal: puede ser una idea simbólica). Siempre tenemos como mínimo una víctima que busca transgredir la norma y un victimario en modo traidor/tirano que representará de alguna manera el castigo. La voluntad del destino está siempre presente y a medida que avanza la obra, las desgracias se intensifican, produciéndose al final el triunfo o caída definitivos, mientras que se restablece el orden o, mejor dicho, sigue la cotidianeidad...

El arte como reflejo de la vida siempre aporta otra punta de análisis y aquí me pregunto si es posible buscar uno o más simbolismos que nos ayuden no sólo a la comprensión sino a la empatía desde un lugar menos doloroso. Un pueblo, víctima cual niño abandonado, y otro victimario haciendo su parte de traidor o tirano… ¿Cuánto de eso hay? ¿Es un paralelismo válido?


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En su libro, Perre cita a Niccoló Machiavelli (1469-1527), con el prólogo de “La Clizia”: “Si volvieran al mundo los mismos hombres como vuelven los mismos casos, no pasarían cien años y nos encontraríamos nuevamente reunidos haciendo las mismas cosas que hacemos ahora(Perre, 2024).

7 de Octubre de 2023. Antes y Después:

Hamás​ es una organización política y paramilitar palestina, considerada por diversos estados terrorista. Controla la región de la Franja de Gaza en Palestina y se encuentra enfrentada con el partido histórico Fatah.

El 7 de octubre de 2023, Hamas lanzó un ataque brutal sobre el sur de Israel, asesinando en su mayoría a civiles y secuestrando a 251 personas a quienes tomó como rehenes. Israel contraatacó directamente hacia Gaza, adhiriendo a que allí se encontraba la organización, iniciando así una de las guerras más catastróficas de la historia reciente.

ANAS AL-SHAREEF / REUTERS

Qué poco habremos aprendido del largo siglo XX para que el siglo XXI inicie con este fracaso de la humanidad” reza ante este evento Camila Baron en su libro.

En un informe previo al desastre del 7 de Octubre, Francesca Albanese, destacaba una serie de preocupantes rasgos de persecución hacia la población palestina por parte del gobierno israelí.


IBRAHEM ABU MUSTAFA / REUTERS

Primeramente, refiere al encuadre que se hace de los palestinos como una amenaza para la seguridad, una anticipada presunción de culpabilidad y el castigo con el encarcelamiento incluso cuando se intenta ejercer libertades fundamentales. Deja saber que, entre 1967 y 2006, Israel encarceló a más de 800.000 palestinos en el territorio ocupado, muchos de los cuales han sufrido confinamiento en celdas sucias y hacinadas, privación de sueño y alimentos, negligencia médica, palizas fuertes y prolongadas y otras formas de malos tratos. También, se denuncia el uso de tortura, con las doctrinas del “peligro inminente” y de la “presión física moderada”. La gravedad es tal que pueden ser detenidos incluso niños, defensores de los derechos humanos, mujeres, estudiantes y dirigentes políticos. El contexto de estas detenciones es incierto, ya que puede darse en operaciones de mantenimiento del orden, pero también en puestos de control, en la calle, camino a la escuela, mientras cultivan sus tierras o se encuentran en sus hogares. Existen también campañas de detención en masa y redadas nocturnas. 

La presencia de colonias ilegales israelíes exacerba la discriminación y la violencia contra los palestinos como su criminalización y encarcelamiento. Mientras, los palestinos viven confinados, aislados de los israelíes, y casi recluidos en un territorio cada vez menor y densamente poblado.

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Según Albanese, “desde 1967 (…), se controlan todos los aspectos de la vida de los palestinos, como el orden público y la seguridad, la gestión de los recursos naturales, la educación, el transporte, la administración de justicia, la administración fiscal, los impuestos y la planificación y zonificación” (Albanese, Privación arbitraria de libertad en el territorio palestino ocupado: la experiencia palestina entre rejas y fuera de ellas, 2023).

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El ejército promulga, revisa y aplica las leyes que afectan a los palestinos, mientras que los colonos israelíes, sujetos al derecho civil interno, quedan protegidos bajo un sistema distinto. Esta dualidad en la justicia, refuerza el régimen de apartheid y el colonialismo de asentamiento, privando a los palestinos de derechos fundamentales, especialmente el derecho a la igualdad ante la ley. Además, las órdenes arbitrarias pueden ser aplicadas por los soldados, fiscales y jueces israelíes, y las leyes de ocupación incluyen medidas que criminalizan la solidaridad o los intentos de influir en la opinión pública. Para los palestinos, se regulan actividades esenciales como edificar y residir en determinadas zonas, trabajar, visitar familia, recibir tratamiento médico, practicar cultos, entrar o salir de lugares, etc.


MAHMUD HAMS / AFP

Israel trata a los niños palestinos con la misma ilegalidad que a los adultos, manifestando éstos sufrir ansiedad, depresión y otros trastornos. Las mujeres y niñas palestinas son objeto de discriminación, acoso y trato degradante, incluso durante el embarazo. También existen denuncias de maltrato y hostigamiento contra hombres palestinos homosexuales.

La privación de libertad no frena ni con el fallecimiento, ya que las fuerzas israelíes retienen a menudo los cadáveres, algo que para el Derecho Internacional puede equivaler a desaparición forzada.

BELAL KHALED / AFP


Si todo esto ya era dramático, el 7 de Octubre empeoró aún más. Nuevos informes de Albanese reportan que al noveno día del ataque, Israel ya había causado más muertes que en su anterior guerra más mortífera contra Gaza de 2014. Esboza también que hay motivos suficientes para creer que se ha alcanzado el umbral que indica la comisión de genocidio, como negación del derecho de un pueblo a existir y el posterior intento, consumado o no, de aniquilarlo, siendo un proceso, no un acto, que van desde la eliminación física hasta la desintegración forzosa de las instituciones políticas y sociales, la cultura, la lengua, los sentimientos nacionales y la religión de un pueblo. Se incluye también la expulsión (traslado forzoso, limpieza étnica), la restricción de movimientos (segregación, carceralización a gran escala), las matanzas masivas (asesinatos, enfermedades, inanición), la asimilación (borrado cultural, retirada de niños a las familias) y la prevención de nacimientos. Los actos genocidas pueden incluir acciones u omisiones deliberadas.


MAHMUD HAMS / AFP

Desde entonces, Israel dio muerte a al menos 60.000 palestinos en Gaza mediante armas letales y la imposición deliberada, sumando más de 12.000 desaparecidos y atrapados bajos escombros. Entre las víctimas había periodistas, médicos, enfermeras y otros trabajadores sanitarios, estudiantes, académicos, científicos y sus familiares. El 70 % de las víctimas mortales registradas han sido mujeres y niños. Israel no pudo demostrar que el 30 % restante, compuesto por varones adultos, fueran combatientes activos de Hamás.

Durante los primeros meses de la campaña, el ejército israelí empleó más de 25.000 toneladas de explosivos, el equivalente a dos bombas nucleares.


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Se dieron además muertes por inanición y escasez aguda de suministros médicos y agua, lo que llevó a intervenciones médicas peligrosas, como amputaciones sin anestesia, incluso en niños. Se ha impedido la administración de tratamientos vitales a personas con afecciones médicas, incluidas enfermedades crónicas, y se confirmó la propagación de hepatitis A, infecciones respiratorias, diarrea y enfermedades cutáneas, además de haber aumentado la tasa de abortos espontáneos en mujeres embarazadas. Se detectó además la presencia de poliovirus por primera vez en 25 años, consecuencia directa de la destrucción de los sistemas de agua y alcantarillado. Como si fuera poco, Israel retrasó la administración de vacunas y atacó lugares de vacunación y un convoy de las Naciones Unidas que transportaba vacunas.

SAID KHATIB / AFP


Se produjo además la destrucción de casi la mitad de todas las carreteras, viviendas, instalaciones educativas, mezquitas, iglesias, Archivos Centrales de Gaza, tierras agrícolas, granjas, cultivos, animales e insumos pesqueros.

Fue abolida de facto la distinción entre objetivos militares y personas y objetos protegidos, transformando a todo un grupo nacional y su espacio vital en un objetivo susceptible de destrucción con el pretexto de que “Hamás está en todas partes en Gaza”, llevando adelante matanzas indiscriminadas contra grupos civiles en lugares de distribución de ayuda, tiendas de campaña, hospitales, escuelas y mercados como si implicaran solamente un daño colateral. Para Israel el desempeño está orientado a la conducta, no a los resultados. Se ha atacado también a refugios, incluso escuelas del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA).

MAHMUD HAMS / AFP

Como si fuera poco, la orden de evacuación masiva hacia zonas seguras (como establece el derecho internacional), se comunicó mediante panfletos lanzados desde el aire, publicaciones en redes sociales, mensajes de texto y mensajes telefónicos grabados. En lugar de aumentar la seguridad de la población civil, la enorme escala de las evacuaciones, en medio de una intensa campaña de bombardeos, junto con los prolongados cortes en las comunicaciones, incrementaron los niveles de pánico, los desplazamientos forzosos y las matanzas masivas. Acto seguido, se categorizó ilegalmente a los habitantes que habían quedado, incluidos los enfermos y heridos, como “escudos humanos” y “cómplices” del terrorismo. Los corredores humanitarios con fines de evacuación se tornaron blanco de bombardeos, proyectiles y disparos.

SAID KHATIB / AFP

Por otro lado, persistió la denegación al acceso a los mecanismos de las Naciones Unidas y los investigadores de la Corte Penal Internacional, algo que puede significar obstrucción de la justicia.

La violencia y el trauma sufridos por los israelíes el 7 de octubre profundizaron en parte la atmósfera de venganza, queriendo convertir en muchos casos a sus soldados en una especie de verdugos voluntarios de las atroces tareas que se les exigen. Para los palestinos, nuevos niveles de sufrimiento y desplazamiento forzado agravan el trauma heredado y su vulnerabilidad psicológica como supervivientes de la Nakba.

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Los objetivos iniciales de la ofensiva eran erradicar a Hamás y traer a los rehenes de vuelta. Sin embargo, el número de rehenes muertos por bombardeos israelíes o fuego amigo supera al de rescatados y es importante recordar que ninguna acción justifica el acciona genocida.

En Noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, así como contra el comandante de Hamas Mohammed Mohammed Deif, por cargos que incluirían crímenes de guerra y contra la humanidad, un hecho que sacudió a mundo.

Con reacciones diversas de los Estados internacionales, aún no se han tomado acciones.


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Por lo pronto, el 15 de Enero de 2025, se alcanzó un acuerdo de Alto al fuego entre Israel y Hamás, redactado por Estados Unidos, Egipto y Qatar. El mismo consta de tres etapas, que incluyen un alto el fuego de seis semanas, la liberación de todos los israelíes retenidos en Gaza a cambio de algunos de los palestinos retenidos por Israel, un alto el fuego permanente, la retirada de Israel de Gaza y un proceso de reconstrucción que durará entre tres y cinco años.

Al momento de redacción, el intercambio de rehenes había comenzado, no sin amenazas, cruces y tensiones que generan algo de incertidumbre.


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Concluir lo inconcluible:

A mi abuela le gustaba explicarme lo que es una huella mnémica con el ejemplo de su tía, la única de la familia sobreviviente del Holocausto. Cuando fue a visitarla a Suecia en los años sesenta la escuchó gritar en la ducha. Se asustó tanto que corrió al baño desesperada para ofrecerle ayuda. Al entrar, vio a su tía limpiándose la espuma como si nada. ‘¿Qué pasa, querida?’, le dijo sonriente. Más tarde el esposo de su tía le contó que en el campo de concentración los manguereaban desnudos con agua helada en pleno invierno. ‘Es la memoria de su piel la que la que la hace gritar cada vez que entra en contacto con el agua’, le dijo(Baron, 2024). Según explica Feierstein, dichas huellas mnémicas constituirían conexiones sinápticas reforzadas que se reactualizarían y transformarían cada vez que son reutilizadas (por ejemplo, al ser recordadas o rememoradas). No bien se logra acceder a estas huellas e integrarlas en la consciencia, cobran sentido a la vez que se desvanecen. Por esto, aquello que no se puede recordar, al mismo tiempo, no se puede olvidar (Feierstein, 2019).


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Israel hoy es un espacio completamente militarizado. Las mujeres de entre dieciocho y veintiséis, y los hombres de entre dieciocho y veintinueve, están obligado a hacer el servicio militar después de los primeros doce meses de residencia. Es la oportunidad de salir adelante socialmente, pero también una marca si no hay un destaque en ese entorno, si no se demuestra cierta fortaleza y, ni hablar, si se intenta la deserción.

La naturalización del estado de alerta, de responsabilizar al otro constantemente de la tragedia propia, de sostener pactos de silencio, la normalización del estado de guerra y perpetuar ciudadanos de primera y de segunda, vuelve hasta contradictoria la historia de un pueblo que fue víctima de todo eso mismo en un pasado no tan lejano.


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La brutalización, término que estudió y propuso George L. Mosse, en tanto “elevada indiferencia por la vida humana”, junto al “mito de la guerra” puede traducirse “en una suerte de activismo y combinando por tanto este último no sólo con el culto a los héroes, el culto a los caídos, sino también con la moralidad burguesa, la ideología de la ley y orden, etc(Alcalde, 2016). Un tipo de retroceso del proceso civilizador, que explicaba el ascenso de los totalitarismos y la violencia. Siento que hay algo de eso aquí. Sin embargo, me es imposible no angustiarme en aquellas líneas de “Derecho de Nacimiento…” mientras los jóvenes soldados, embebidos en una realidad que no han podido escoger (muchos de ellos nacieron en Israel y otros viajaron de muy jóvenes con sus familias huyendo de las crisis económicas en sus países de origen), cuentan que “todos perdimos a alguien”. Vivir para esperar morir.


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Al igual que ocurre con la denigración que viven los palestinos hoy, existieron personas en los años del nazismo que se volvieron espectadores de un programa radicalizante hacia los judíos y los otros grupos perseguidos. No eran perpetradores ni víctimas de primera fila, sino los considerados pasivos o indiferentes. La negativa a querer asumir responsabilidades por lo sucedido eclipsa la realidad de reconocimiento a la participación/negación/aprobación directa o indirecta de todos los niveles de la sociedad.


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En cuanto al famoso debate de los dos estados, uno árabe y otro judío, creo que aquí nuevamente Baron acierta en sus ideas: “… el error fue crear este Estado. Y mantenerlo y defenderlo así, teocrático, con ciudadanías de primera y de segunda. Y que elijo seguir imaginando que podría ser uno (…). No se pueden derribar decisiones pasadas. Pero sí los muros y los controles (Baron, 2024).

Quizás, por ser no solo argentina sino también latinoamericana, siempre me ha chocado el concepto de divide et impera. Nunca la solución que veo como propuesta es la misma que pide Camila, la que quiero yo también o la que estamos acostumbrados acá: la de la convivencia entre distintos que nos volvemos iguales. La respuesta que siempre se da es dividir, separar.


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Si bien es muy simplista reducir la situación palestino-israelí solamente a una cuestión étnica/religiosa/cultural y negar los intereses económicos, políticos, militares y geoestratégicos que ignoran el sufrimiento humano, no es la primera vez que este tipo de narrativa es priorizada incluso por teóricos, estudiosos y hasta víctimas. Me recuerda, salvando a las enormes distancias, a testimonios sobre las poblaciones de la ex Yugoslavia, un Estado que luego de ser desgarrado, en los libros se reduce a “guerras de un grupo de balcánicos extremistas que no se soportaban entre sí por culpa de sus etnias y religiones”. Me pregunto si el elegir la verosimilitud de ese discurso responde más a la ingenuidad o, como ocurrió primero con el Holocausto judío y hace décadas pasa con el genocidio palestino, a que la realidad nos avergüenza, mientras el mundo se desangra.

“Toda forma de supremacismo es un holocausto en potencia.
Cualquier forma de supremacismo es una nakba en potencia”.

 

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Bibliografía

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